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Se inaugurará hoy la nueva sede de la Cancillería, en Arenales
819, la misma obra que comenzó hace treinta años
El conjunto edilicio que se ubica en las inmediaciones de la plaza San
Martín representa un caso singular dentro de la morfología
urbana de nuestra ciudad.
Las funciones de este grupo de edificios corresponden al Ministerio de
Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto y está integrado
por la nueva sede de la Cancillería, en Arenales 819, el Palacio
San Martín, en Arenales 761 y el futuro edificio del Archivo General
y Biblioteca en la esquina de Basavilbaso y Juncal.
La singularidad del complejo no está dada solamente por el hecho
de reunir actividades afines en un entorno urbano muy reducido (una manzana
y una de sus calles adyacentes) sino por el amplio período que
abarcará la concreción del proyecto definitivo (iniciado
hace más de 60 años).
El nuevo edificio
Se inaugura hoy, tal como anticipamos en estas páginas hace algunos
meses, el primero de los edificios del grupo antes mencionado, que constituirá
la sede de la Cancillería.
Con una superficie total construida de 41.000 m2, cuenta con cinco subsuelos,
donde se ubican cocheras, salas de máquinas, depósitos y
talleres de mantenimiento. El edificio principal posee dieciséis
pisos altos en los que se reúnen todas las dependencias del ministerio,
mientras que en un volumen anexo, de cinco pisos altos, se instalará
el Instituto del Servicio Exterior de la Nación.
La imagen lograda para integrar este edificio al conjunto (como se aprecia
en una de las fotografías que ilustran la nota) surge de tomar
como idea rectora la silueta del Palacio San Martín. Esto se materializa
mediante un lenguaje y escala particularmente cuidados distinguiendo el
basamento y el remate, técnicamente más pesados, del cuerpo
principal con la cáscara acristalada enmarcada por los núcleos
ciegos de circulación y servicios.
El edificio tiene, así, un coronamiento con perfil similar a las
de la mansarda y chimeneas de la mansión Anchorena.
La autoría del proyecto pertenece al estudio de los arquitectos
Natán Aizenstat y Carlos Rajlin y los arquitectos asociados Carlos
Dodero y Cristina Levinton.
Los autores explicaron en la entrevista que brindaron a La Nación
en abril de este año, publicada en esta sección, las vicisitudes
sufridas por el proyecto durante los 30 años que median desde el
concurso nacional de anteproyectos cuyo primer premio obtuvieron. La suspensión
de las obras entre 1995 y 1996 presagiaba un final incierto que hoy, felizmente,
está en vías de concretarse íntegramente.
La terminación de la construcción, la habilitación
final del edificio y el traslado de todos los organismos del ministerio
están a cargo de la Subsecretaría de Administración
de la Cancillería, presidida por el embajador Miguel Eduardo Zorraquín
y sus áreas dependientes. En la entrevista que mantuvo con La Nación
el embajador, acompañado por el arquitecto Alberto A. Albistur,
narró las dificultades que hubo que sortear, al reanudar las tareas,
como consecuencia del estado de abandono en que se encontraba la obra.
A la fecha se han habilitado varios pisos del edificio donde se encuentran
funcionando ya distintos organismos del ministerio, incluyendo el despacho
del canciller y su secretaría privada.
Para fines de enero de 1999 se habrá completado la instalación
de la totalidad de los organismos restantes y entre marzo y abril se habilitará
el edificio anexo donde se ubicarán las dependencias del Instituto
del Servicio Exterior de la Nación.
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